domingo, 15 de mayo de 2016

lecturas: Fairy Oak El encanto de la oscuridad - Elizzabeta Gnone


 


Fairy Oak
 
El encanto de la oscuridad

Elizabetta Gnone

Editorial Destino

Grupo Editorial Planeta

(Buenos Aires)

Dos brujas gemelas Vainilla y Pervinca, iguales y opuestas, son la esperanza para luchar contra el señor de la Oscuridad que quiere gobernar un mundo en tinieblas y para ello debe destruir a la otra mitad del poder mágico, la Luz. De la defensa, se encargan los mágicos, que ya en el pasado lograron rechazarlo. Pero el enemigo se infiltra entre ellos y la antigua alianza se debilita. La historia transcurre en el valle de Verdellano, Fairy Oak, un antiguo pueblo mágico nacido alrededor de Roble, el gran árbol encantado que le dio nombre.

La autora Elizabetta Gnone (Génova, 1965), es periodista de profesión, participó en la creación de algunas de las publicaciones más amadas de Disney, que luego dirigió (Bambi, Winnie the Poo, Chip y Chop, Minni & Company) y a principios del milenio creó la serie W.I.T.C.H. destinada al éxito mundial.
Desde hace años se dedica solamente a la escritura.


lecturas: Star Wars - El despertar de la fuerza

Stars Wars

de la película Stars Wars

El despertar de la fuerza

Grupo Editorial Planeta

(Buenos Aires)

Star Wars conocida en español como La guerra de las galaxias, es

una franquicia de medios perteneciente al género ópera espacial

épica. La saga cinematográfica de la franquicia Star Wars originó

otros medios de expresión como novelas, series de televisión, videos

historietas, juegos de rol, etc.

El libro Star Wars, de la película El despertar de la fuerza, editado

por Grupo Editorial Planeta presenta la historia de la guerra en el

planeta Jakku, la resistencia está dirigida por la general Leia Organa,

que durante toda su vida había luchado contra el mal pero ahora

se encontraba en sus horas más bajas.
"...La guerra había comenzado. Un poderoso ejército, conocido como la Primera Orden, amenazaba con conquistar todos los mundos posibles.
Muchos años antes, los Jedi, un grupo de poderosos y sabios guerreros habían mantenido la paz en la
galaxia. Pero una guerra acabó con los Jedi. Ahora la Primera Orden amenazaba con aplastar a quienes buscaban restablecer la paz...".
La aventura de Star Wars: El despertar de la fuerza, en este libro para jóvenes.



miércoles, 2 de marzo de 2016

Emily, lejos de casa - Lucy Maud Montgomery




 














Emily, lejos de casa

Lucy M. Montgomery

Editorial Emecé

(Buenos Aires)

Emily, lejos de casa es una novela inspiradora de Lucy Maud Montgomery, también conocida por sus historias de Anne, la de Tejados Verdes.
La historia de Emily Starr, es la de una chica joven que siente vocación por la escritura, a la que siente como una aliada contra la soledad en la casa de la severa tía Elizabeth. Emily sólo podrá asistir a la escuela secundaria con la condición de abandonar su deseo de escribir ficción mientras estudie allí.
En la ciudad, sus peripecias darán que hablar, deberá convivir en Sherewsbury, con su tía Ruth y tendrá que lidiar con la envidia de sus compañeras que no la aceptan en una asociación literaria. Pero ella continuará escribiendo y logrará publicar con éxito sus primeros poemas para el periódico de la ciudad y pronto deberá tomar la decisión más importante de su vida.
Alice Munro, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2013, ha reconocido el trabajo de Lucy Maud Montgomery como una influencia esencial en su propia obra y considera que Emily, la de Luna Nueva, es uno de los mejores libros de la literatura canadiense de todos los tiempos.
La novela empieza con Emily Byrd Starr, sola en su habitación de la vieja casa de Luna Nueva en Blair Water, una tormentosa noche de invierno, con el fuego del hogar encendido y ella escribiendo. Un inicio inspirador para escribir.



Museo Arocena - Casa Histórica Arocena por Kevin Jared Martínez Márquez









(Torreón, México) Kevin Jared Martínez Márquez

En el tercer nivel del Edificio Arocena, iluminada por hermosos candelabros de techo y vestida con pintorescos objetos, se encuentra la Casa Histórica Arocena; un proyecto de ampliación-restauración propio del Museo Arocena. Esta casa-museo descansa en una de las edificaciones más emblemáticas de los alrededores, un vetusto edificio construido en 1920 por la familia Arocena.
En cada habitación se pueden apreciar muebles, objetos ornamentales y artículos personales que representan y evocan a una de las épocas más destacadas de la Comarca Lagunera. Las piezas propias de la región invitan a las personas a viajar años atrás para conocer el estilo de vida de los que disfrutaron y forjaron la ciudad en su momento, más precisamente entre 1919 y 1936. La muestra histórica pretende mostrar los rasgos más característicos del ámbito político y económico, así como lo que definió a la movilidad social y a la vida privada.
La exposición incluye un patio central que permite observar todas las recámaras, el oratorio, el despacho y el gran salón. Las sillas, las mesas, las pinturas y los demás objetos de la sala-comedor pertenecen a las diversas corrientes artísticas propias del «renacimiento español».
El «Gran Salón» propició emotivas celebraciones ante las ocasiones especiales. "El piso de madera y sus adornos, los detalles decorativos en las paredes y el mobiliario, nos hablan de la importancia del lugar. Se destacan los sillones Chippendale y las butacas en estilo y época de Luis XVI, además de una gran alfombra en gobelino francés que cubre casi toda la estancia", destacan redactores del museo.
Las recámaras, con decoraciones llamativas y para nada cuantiosas, fueron de utilidad para brindar un descanso apropiado y estable. Las bases para los colchones, así como los otros muebles de las habitaciones, están hechos con fina madera de roble español y exteriorizan un estilo artístico neoclásico.
El baño, tapizado de un color blanco generoso, fue en su tiempo el más moderno de la ciudad. El oratorio acompañó a toda aquella persona que buscaba un momento de reflexión espiritual. "Una de las características de las familias españolas que emigraron a La Laguna a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, fue la práctica de valores bien arraigados como la religiosidad católica", establecen redactores.
La Casa Histórica Arocena abrió sus puertas en el año 2010, brindando todo un magnífico paseo a través de la vida de las personas que para entonces comenzaban a resguardar a La Laguna dentro de sus corazones.

(c) Kevin Jared Martínez Márquez
Torreón
México

nota y fotografías (c) enviados por Kevin Jared Martínez Márquez para su publicación
en la revista infantil Barco de papel



miércoles, 6 de enero de 2016

Había una vez... exposición de muñecas antiguas



(Buenos Aires)

En la Sede Casa Fernández Blanco se puede ver la exposición de muñecas antiguas
"Había una vez...".


Muñecas antiguas
(1870
1940)




Martes a viernes de 12 a 18

Sábados y domingos de 11 a 17
Entrada:
Bono contribución voluntario: $10.
Miércoles gratis.
Hipólito Yrigoyen 1420
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

lunes, 21 de diciembre de 2015

televisión: Una amistad de otro planeta por Kevin Jared Martínez Márquez


 



Una amistad de otro planeta

(Torreón, México) Kevin Jared Martínez Márquez
 
Wanda es una adorable coneja que encontró al amigo más grandioso que hayas visto jamás: aquella tarde que se escuchó un ruido alborotador (parecido al de una nave espacial al estrellarse) Wanda conoció a Alien, un extraterrestre proveniente de un planeta lejanísimo. Como todo nuevo visitante, Alien sintió mucha curiosidad por todo lo que rodeaba a su nueva mejor amiga, y sin pensarlo dos veces, comenzó a explorarlo todo. Alien posee habilidades mágicas que le permiten crear momentos llenos de diversión, y con ayuda de su cohete espacial pasea junto con Wanda por todo el espacio exterior.
Conejo y extraterrestre vivirán aventuras de otro planeta, y aprenderán un sinfín de nuevas y emocionantes cosas. Diviértete viendo «Wanda y el alien», una serie animada de Nick Jr. basada en los libros para niños escritos e ilustrados por Sue Hendra, autora europea.

Información del programa:
Wanda y el alien / Nick Jr. (Latinoamérica)
Horario (Hora de México)
Sábado y domingo
14:00 hrs. y 20:00 hrs.

(c) Kevin Jared Martínez Márquez

Torreón

México

nota e imágenes enviadas por Kevin Jared Martínez Márquez para su publicación en la revista
Barco de papel

viernes, 11 de diciembre de 2015

La mudanza - Pedro Rafael Fonseca Tamayo*

                                      
Pedro Rafael Fonseca Tamayo



El hogar donde pasamos la infancia forma parte de nuestro ser para toda la vida. Cada rincón, objeto u olor vuelve a la memoria una y otra vez, dejándonos un dulce deseo de retornar en el tiempo y revivir esos momentos inolvidables, donde el universo cabe en una hoja de papel y la alegría es perpetua.

Con demasía amé yo, a mis diez años de edad, cada loseta, tabla o adorno de la casa. La sala, donde me deslicé cada vez que mi madre baldeaba, y me dejaba jugar con el chorro de agua de la manguera cual bombero, para luego acostarme sobre la deliciosa frialdad, lejos del calor y del intenso sol veraniego.
El comedor tenebroso, donde me obligaban a comer antes de irme a mataperrear, donde varias veces escondí tortillas, postas de carne y verduras no deseabas, y días después eran descubiertas en avanzado estado de putrefacción, repletas de gusanos, con un hedor insoportable. Comedor profético de tiempos futuros, cuando mi abuela me decía sonriendo “Mira que serás bobo” al verme preferir huevos fritos antes que carne.
¡Ah…y el baño con sus fragancias! ¡Cuántas historias! adoraba sentarme al inodoro y soñar que era un guerrero conquistando reinos minimizados en cada loseta de colores. Solía pasarme los ratos leyendo sobre el inodoro hasta que el grito de mi abuela me hacia apurarme ¡Cuánto miedo sentía al cerrar los ojos cuando me lavaban la cabeza! acudían a mi imaginación todos los monstruos de la historia, los segundos se volvían horas y casi siempre terminaba llorando hasta que veía la luz nuevamente y me tranquilizaba.  
La cocina olorosa era otro de mis lugares frecuentados a diario, por sus ollas y vajillas llenas de sorpresas, aunque odiaba y temía a las cucarachas voladoras, desde que una me picó el pito y se me hinchó como el globo de Matías Pérez.
Aun siento en mi boca el sabor de las raspas del congrí o de los dulces y escucho el sonido absorbente que hacia al chupar el tuétano de los huesos, ante la mirada triste de Pinky, la perrita de mi madre, quien me odiaba por ser su única competencia.
Después del almuerzo teníamos el hábito de dormir la siesta en los cuartos de camas endurecidas, bajo la vigilancia de escaparates abarrotados de cosas de diversas épocas y armados con los bastones del abuelo. Cada día me regañaban por mi afán de registrar las gavetas de las cómodas y armarios, en busca de fotografías, revistas y monedas antiguas.
¡Qué delicia los cuentos de la abuela antes de dormir, precedidos por las volteretas entre las sabanas! ¡Con qué sigilo me introducía entre ellos en las noches de tormenta! ¡Y con cuánta vergüenza sacaba en la mañana el colchón al sol cuando me orinaba dormido!
Pero mi sitio preferido era el librero. El amigo que abrió las puertas al conocimiento y a la imaginación, y por el que lloré mucho cuando un ciclón se llevo sus tesoros por el aire…! ¡Cuántos libros de aventura, ciencia-ficción e historia leí repetidas veces, olvidando el hambre y el tiempo! ¡Mezclando en mi mente la realidad y la fantasía!
Yo, verdaderamente, quería con pasión cada centímetro de aquella construcción, cada pedazo de tierra del patio donde tantas veces junto a mi abuelo cantamos la canción del azadón cuando plantábamos un nuevo árbol. Sin embargo, fue mi adorado abuelo quien convenció a todos para mudarnos a la gran ciudad, llena de posibilidades y opciones, según él.
La idea de dejar de ver el mar, el verde del campo y los animales me sumió en una gran tristeza, pero no había nada que hacer, todos poco a poco se acostumbraron a la idea del bullicio de los autos, tiendas y personas, así que yo también me hice la idea de respiraría aire contaminado el resto de mi vida.
La orden de que debíamos desprendernos de alguna pertenencia por culpa del poco espacio del camión me dejó sin palabras. Así, fueron vendidos los muebles de caoba, el refrigerador, las camas talladas y el juego de comedor, el cual le arrancó algunas lágrimas a mi bisabuela, pues había sido el regalo de bodas que le hizo un general mambí.
Mi madre y tías regalaron sus vestidos, platería, zapatos, discos de música y bultos de folletos sobre bordado. El barrio iba y venia, como hormigas locas, con las manos abarrotadas de recuerdos, y con caras de alegría agradecían los tesoros que llevaban.
A mi lo que más me dolió fue ver como se marchaban las grandes enciclopedias que servirían solamente para envolver las coladas de café que vendía la vecina, y lo que es peor, me obligaron a regalar la mayoría de los juguetes. ¡No hubo mayor tortura que entregar mi lancha rápida, los autos antiguos, los guerreros de plástico…mis más fieles compañeros de horas felices! Hubiera optado por quemarlos antes de verlos sucios y desmembrados, pero permanecí inmóvil.  
Fueron días tristes en los cuales me desvelaba por el llanto y el traqueteo continuo de las mujeres en la madrugada, hasta que un día el llanto se hizo mayor y a la mañana siguiente era el único que reía ante la noticia: la mudanza se deshizo. Ya no habría viaje a la gran ciudad. Nos quedarían, aunque ahora debíamos soportar los comentarios y las burlas del vecindario.
Mi abuelo se conformó con ir a leer el periódico al balance que fue suyo por más de treinta años y ahora se pudría mojándose en el portal del vecino.  Mi madre, abuela y tías se mordían la lengua hasta sacarse sangre cuando eran saludadas por las vecinas vestidas con sus ropas y joyas.  
Yo, día tras día, debía buscar un pomo de agua fría en nuestro ex-refrigerador que también estaba en posesión del vecino y soportar la amargura de ver mis juguetes desbaratados por doquier, sin tener ni un trompo para bailar. Nunca comprendí porque no nos devolvieron nada y mucho menos porqué se pelearon con nosotros.
Al cabo de unos meses, cuando ya me estaba acostumbrando a los juguetes de pomos, a los balances de cabilla y al agua de tinaja, el abuelo volvió a embullar a la familia para otra mudanza a la gran urbe. El gato, que era el único de los obsequios que retornó, lanzó un grito escalofriante y se subió en el caballete de la casa. Yo, por mi parte, decidí esconderme entre los gajos de la mata de aguacate, antes de ser obsequiado también al vecino, pues escuché bien clarito, cuando el abuelo les decía a todos que el carro para la mudanza era mucho más pequeño que el anterior.
(c) Pedro Rafael Fonseca Tamayo
Niquero
Granma
Cuba

 Pedro Rafael Fonseca Tamayo, es sociólogo, periodista y escritor. Escribe cuentos para adultos aunque sus mayores premios están en la literatura infantil. Ha sido finalista en varios concursos nacionales e internacionales. Tiene varios cuentos publicados en la editorial digital Letras con arte y un cuento de su autoría se publicará  en el libro "Cuentos Microscópicos", microrrelatos para niñ@s, que saldrá en el proximo año editado por la prestigiosa editorial española Verbum.

*El cuento La mudanza resultó finalista en el concurso de cuentos Revista Barco de papel 2015